lunes, enero 21, 2019

Un senado ciudadano habría impedido el apoyo de España a la guerra de Irak

Ayer por la mañana mi compañero de batalla Tomás Mancebo tuvo la oportunidad de hablar en la radio. La batalla es volver a llenar de contenido la palabra DEMOCRACIA. La emisora fue la Radio Municipal M21. En particular, ha podido dedicar unos minutos a explicar en qué consiste la iniciativa senadoXsorteo, una propuesta que persigue transformar el actual senado en una cámara ciudadana (desarrollada por el grupo de trabajo igualdadXsorteo, en el que participo). Para más información, pincha aquí.

Sin querer bajar demasiado a los detalles, Mancebo ha tirado de un ejemplo. En un ejercicio de política ficción, nos ha hecho retroceder hasta el año 2003, cuando España aún sufría los aires de grandeza –y las mentiras– del presidente Aznar. Como muchos recordaréis, la primavera de aquel año estuvo marcada por la invasión de Irak, promovida por Estados Unidos y apoyada por algunos países, entre los que se encontraba España.


Con 183 votos a favor y 164 votos en contra, el Congreso de los Diputados aprobó la propuesta de resolución de Estados Unidos, Reino Unido y España, sobre Irak; que suponía el apoyo a la invasión. Menos mal que la historia no se escribe únicamente a través de los diarios de sesiones. La memoria colectiva nos lleva rápidamente a revivir aquella aparente contradicción. La ciudadanía era clamorosamente unánime. Según el CIS, un 91% de los españoles estaba en contra de la guerra. ¿Cómo podía ser que nuestra cámara de representantes dijera otra cosa? Nótese la ironía, pocas personas creen que realmente “nos representen”. Sin embargo, resulta complicado plantear alternativas que mejoren el sistema político actual que es, esencialmente, partitocrático.

Mancebo imagina una primavera de 2003 en la que el Senado español hubiese estado formado por ciudadanos seleccionados al azar. Asegura que con un rechazo popular de en torno al 90%, un senado ciudadano no habría permitido que España apoyara la guerra. El locutor, algo escéptico, plantea la posibilidad de que el senadoXsorteo, como es aleatorio, pudiera estar formado, casualmente, por suficientes personas partidarias de la guerra. Tomás insiste en que es imposible. Y tiene razón. Veámoslo.

En 2003, en España, había una población de, aproximadamente, 42 millones de personas, unos 34 millones de personas mayores de edad. Si, según el CIS, el 91% de la población estaba en contra de la guerra (tomemos este dato como cierto), eso significa que la probabilidad de que, al seleccionar a una persona al azar, esta esté en contra de la guerra es del 91%. El Senado actual está compuesto por 266 senadores. ¿Eso significa que, si seleccionamos al azar a 266 personas, vamos a tener, siempre, exactamente 242 (es decir, el 91% de 266) que estén en contra de la guerra de Irak? No, en absoluto, claro está que este resultado puede oscilar. Pero la Probabilidad y la Estadística están de nuestro lado. Adentrémonos (un poquito) en las matemáticas.

Me he tomado la molestia de realizar una simulación en una hoja de cálculo, con números (pseudo)aleatorios generados por el ordenador. He generado 266 números reales comprendidos entre 0 y 1. He sumado el número de veces que tal número ha sido inferior a 0,91. He realizado esta simulación 1000 veces y estos han sido los resultados:


Si representamos estos datos gráficamente, observamos cómo la distribución de los resultados obtenidos en 1000 simulaciones, tiene forma de Campana de Gauss.


Se trata de una distribución normal. Cuando esta distribución se da (y la muestra es suficientemente grande) existe una concentración de los resultados razonablemente fuerte cerca de la esperanza matemática (91%, que equivale, en este caso a 242 senadores) y es prácticamente imposible que salgan resultados demasiado alejados de ella. En este caso, con una muestra de 266 personas (senadores), hemos visto cómo el resultado ha estado en el rango 86% - 96% (es decir, o, como mucho 5 puntos menos de lo que esperamos, o como mucho 5 puntos más) un total de 991 veces sobre 1.000, o lo que es lo mismo, un 99,1% de las simulaciones (las sombreadas en verde en la tabla de arriba). Y vemos cómo, de 1.000 simulaciones, el resultado más bajo obtenido ha sido un rechazo a la guerra de Irak del 85,34%. No he calculado cuál es la probabilidad de que tal rechazo sea inferior al 50%, pero es 0,00000… seguido de muchos ceros, antes de la primera cifra no nula.

Volvamos al planeta Tierra. Es el alto índice de rechazo a la guerra de Irak (91%) lo que hace de este ejemplo un pretexto formidable para explicar el senadoXsorteo. Entiendo que puede ser mucho más controvertida la legitimidad de una cámara de estas características cuando se pronunciara sobre temas que distan mucho de generar un consenso en la población. Pocas cosas serían más razonables que poner en cuarentena el resultado de votaciones más o menos ajustadas. Sin embargo, para temas como el que nos ocupa, si se tomara como vinculante toda resolución del senadoXsorteo que lograra una mayoría cualificada, por ejemplo, aquella que contara con más de 2/3 del apoyo de la cámara, ¿no pensáis que sería una buena vacuna para que los políticos no aprobaran cuestiones manifiestamente contrarias a la voluntad popular?

jueves, junio 07, 2018

Gobierno del PSOE, ¿sobrevivirán a esta C's y PODEMOS?

Podemos fue promocionado por los poderes fácticos de enero a mayo de 2014 para dividir al electorado de izquierdas. Logró "descabezar" a un socialismo en horas bajas, forzando la dimisión de Rubalcaba (y, de paso la abdicación del rey Juan Carlos). Su papel de cara a la galería siempre tuvo que ser el de ambicionar la presidencia del gobierno (aunque lo que se deseara era el sorpasso al PSOE). Iglesias había logrado heredar la autoridad moral del 15M y el personaje político creado para él no tenía rival. Recordemos que Pedro Sánchez surgió de la nada, sin ideología y sin apoyos. Hacía falta tiempo para construir un personaje político adecuado para su cometido.
La autoridad moral de Iglesias se fue diluyendo según se diluía también la crisis económica, siendo esta eclipsada por la crisis territorial. En este contexto, C's, logró, tras ser promocionado como "el Podemos de derechas" durante 3 largos años por los poderes fácticos, robarle el protagonismo a Iglesias, disputándole el papel de principal antagonista de Rajoy.
Sin embargo, ahora que Pedro Sánchez es el protagonista, ni Iglesias ni Rivera tienen utilidad alguna para los poderes fácticos. Estos apuestan por Pedro Sánchez. Del mismo modo que, la propia sociedad, en shock aún, está contenta porque lo que viene al menos parece un gobierno y no una banda de delincuentes. Y no es para menos, el listón estaba bajísimo.
Con los poderes fácticos y el sentir general del país favorable a, al menos, "dejar hacer a Sánchez a ver qué tal", ni C's, ni Podemos dependen de sí mismos para sacar la cabecita y decir algo que les ponga de nuevo en el foco. Ni para uno ni para el otro es buena idea entrar a criticar a Sánchez ahora que tiene todo a favor, medios de comunicación incluidos, da igual a quién escuches (desde laCafetera a OndaCero) todo el mundo está encantado.
¿Quieren ser útiles? Que vayan a por el PP, que es una bestia herida con muchísimo poder municipal y hay que romper todas esas redes clientelares que aún tienen. Ojo con el PP, que si no se le da la estocada en las municipales, renacerá con mejor salud de la que podemos imaginarnos. Conclusión, atacar al PSOE es una estrategia pésima (esperemos al menos a que la cague de verdad, que lo hará muy pronto).

viernes, abril 13, 2018

¿Debemos luchar por la palabra Democracia?

Tengo clara la respuesta: sí. Las guerras dialécticas son las primeras que hay que librar cuando se pretende impulsar una reflexión colectiva. Toda la política se basa en el uso de las palabras. A veces para esconderlas (como cuando el PP decidió cambiar la palabra "imputado" por "investigado"), a veces para apropiárselas (como cuando el PSOE se coloca en la "izquierda", contribuyendo a la confusión de los menos politizados). Ciudadanos, después de denostar el feminismo, ha querido entrar a luchar en ese terreno de juego, el dialéctico, para tratar de imprimir su propio significado (de derechas) al uso corriente de la palabra. Como es lógico, muchas feministas de izquierdas desean luchar para evitar esa apropiación del término. El poder siempre quiere apropiarse de las palabras que le suenan bien a la gente: liberalismo (palabra robada por los corruptos), democracia (palabra robada por regímenes gobernados por élites).

Creo en la lucha como una constante, como un equilibrio inestable, como un estado vital en el que casi nunca vas a ganar, pero en el que si es posible empatar. Lo que quiero decir es que el poder económico siempre va a luchar por su máximo beneficio, a veces le va a bastar el marketing, es decir, el uso de las palabras para su propio beneficio. Si no luchamos, si no resistimos, el poder se acabará apropiando de todas las palabras que usemos; haciendo cada vez más difícil nuestro propio entendimiento. Cuando digo "empatar" quiero decir resistir.

¿Debemos luchar por la palabra Democracia?

Participo en un grupo de Medialab-Prado cuyo cometido es fomentar el debate y promocionar el azar como método de selección de representantes con el fin de democratizar el sistema en el que se aplique. Internamente tenemos más o menos interiorizado que el sorteo es NECESARIO para la DEMOCRACIA. Y así lo veo yo también. Sin embargo, cuando tengo la oportunidad de contarle a algún amigo a qué nos dedicamos en el grupo "Igualdad por Sorteo" (así se llama), no me apetece ser tan maximalista (o pedante). Simplemente les digo: debatimos acerca de cómo utilizar el sorteo para MEJORAR la democracia. Casi sin querer, negocio conmigo mismo para enfocar mi breve frase a resumir qué hago. Me parece un buen primer paso haber puesto la palabra "sorteo" en mi boca. Puedo llegar a ponerme muy pedante. Esta ocasión no lo merecía.

"Debatimos sobre cómo utilizar el sorteo para mejorar la DEMOCRACIA", - suelo contar. ¿Quiere eso decir que asumo que vivimos en una democracia? En absoluto. ¿Quiere eso decir que "paso" de luchar por la palabra democracia? Pues no. Pero insisto, no es plan de ponerse pedante. Cada cosa tiene su momento.

Veo extraordinariamente dificil que la palabra democracia vaya a cambiar de significado popular de la noche a la mañana. Para la gran mayoría de la población, "democracia" es, ante todo, una manera rápida de decir "democracia representativa", en la que el pueblo tiene el poder de elegir representantes políticos para que ejerzan el poder (y no quiero entrar en detalles), es decir, en la que el pueblo NO tiene el poder. Para que el pueblo tenga el poder debe tener derecho a decidir DIRECTAMENTE acerca de los temas importantes (mediante referéndums​). Pero es que solo el pueblo puede saber cuáles son sus propias prioridades, los temas importantes sobre los que decidir (y no las élites, que gobiernan para sí). En esta deliberación es inviable que participen millones de personas: la alternativa es tomar muestras estadísticas de la población para que deliberen acerca de cada tema. La DEMOCRACIA, sin apellidos, es esto, y si no te gusta esto, no te gusta la democracia. Te podrá gustar la elección de representantes, o la preferirás a un dictador (y hay quién prefiere a un dictador) pero la DEMOCRACIA sin apellidos es un reto, para algunos un abismo, poco explorado en la práctica. Tanto es así, que tal es el secuestro de la palabra y tal es la dificultad para recuperarla.

Me parece muy bien que sobre el papel se asuma que "democracia representativa" es un oxímoron, pero si queremos dar visibilidad al sorteo, más vale que lo planteemos a nuestros amigos como "una herramienta posible", que no como "la única herramienta posible". Cada persona merece hacer su propia reflexión y decidir si tenemos algo de razón o si estamos como una regadera. Para ello, y lo digo sin teorizar demasiado, si quiero hablar a mis amigos sobre el sorteo, mi primer objetivo es tratar de evitar un rechazo frontal de la idea, es decir, si logro un consenso en el que "el sorteo es capaz de mejorar la democracia", quizá me reconforte.

En el grupo de trabajo en el que participo, resurge de vez en cuando el debate acerca de cómo llamarnos. A día de hoy nos llamamos "Igualdad por Sorteo" y se ha planteado la alternativa "Democracia por Sorteo". Es cierto, puede que esta última sea incorrecta, pues, como ya he argumentado, la DEMOCRACIA sin apellidos necesita del SORTEO, si no no es democracia. Sin embargo, a mi me gusta más esta última, porque me parece una buena manera de DISPUTAR la palabra a las élites. Me parece un buen primer paso contribuir a que deje de ser tan "obvio" que "democracia" significa "democracia representativa". Contribuir a que sea cotidiano que "democracia" pueda significar "democracia directa" o "democracia por sorteo". Ojalá podamos seguir hasta recuperar la palabra del todo.

lunes, mayo 22, 2017

Pedro Sánchez, la nada y la euforia de eldiario.es

Anonadado me hallo al observar tantas y tantas reacciones positivas, desde posiciones a la izquierda del PSOE, a la victoria de Pedro Sánchez. La única explicación que le veo es que la gente necesita sentirse partícipe de algún triunfo y esto es lo más parecido a una victoria que ha visto “la izquierda” desde la consecución de los ayuntamientos del cambio, hace ya dos años. Entre medias, más casos de corrupción del PP y un enfriamiento inevitable del espíritu PODEMOS. Increíble. Tanta gente alegre porque un señor de cartón-piedra como Pedro Sánchez haya ganado a la hija de los EREs. Tantos periódicos progresistas haciéndole la ola.

Cuando la ejecutiva forzó la dimisión de Sánchez, ya me temía que todo podía ser un plan para evitar las terceras elecciones y salvar al soldado Sánchez de la quema de la abstención. En el futuro, este que acaba de llegar, iba a volver a ser útil. Lo que nunca me pude llegar a imaginar es que el plan pudiera llegar a salirles tan bien.

La derechización de toda la prensa en papel, con continuas referencias de sus portadas en la televisión y programas de radio, está consiguiendo, día a día, cambiar el relato de  los acontecimientos. Hace tres años, Pedro Sánchez era el candidato más de derechas del proceso de primarias; ahora, el más “izquierdista”. ¿Cómo se explica que tal viraje cuele? ¡Si no ha hecho nada! Solo quedarse quietecito mientras las élites han ido urdiendo un plan B a su derecha.

Que el hecho de que los cuatro periódicos de papel apoyaran a Susana Díaz no nos nuble la vista: Pedro Sánchez era el candidato del sistema. Impoluto a primera vista, era el único que podía neutralizar a Podemos; si hubiera ganado Díaz, Podemos habría sido la indiscutible oposición al PP (salvo en Andalucía, claro está). ¿Estoy queriendo decir que Díaz se ha presentado para perder? En absoluto. Pero creo que nunca quiso presentarse, que el poder mediático y los felipes González de turno (se me ha puesto la carne de gallina de solo imaginarme que pudiera haber más de uno) la acabaron arrastrando a hacerlo, a llegar a creérselo. Susana Díaz hubiera sido peor candidata a la Presidencia del Gobierno… aunque si hubiera ganado, ya se habría inventado algo el poder mediático para que Podemos llegara debilitado a las siguientes elecciones (¿un Ciudadanos de izquierdas, qué se yo?). Con la victoria de Pedro Sánchez, las élites lo tienen más fácil para restaurar el bipartidismo sin hacer prácticamente nada más. Este era su plan A y al conseguirlo, las élites han logrado su mayor victoria en mucho tiempo.

Y es que toda la batalla se juega en los medios de comunicación. Casi todos los medios de comunicación (en papel o no) están tendiendo a derechizarse. Intuyo que esto ocurre porque ¡alguien tenía que cubrir esta parte del espectro político! Los medios de comunicación son un negocio y si los periódicos de papel no cubren la oferta, tendrá que llegar eldiario.es a cubrir la línea editorial que se congratula sin ambages de la victoria de Sánchez.

Pero, ¿quién es Sánchez? ¿Un nuevo mesías? Fue puesto ahí tras la dimisión de Rubalcaba para frenar a Podemos y en estos momentos, Podemos no tiene margen alguno de maniobra: debe hacer presidente a Sánchez. Iglesias no puede poner condiciones, si Sánchez se enroca, se presenta y Podemos no le hace presidente: Podemos no tendrá nada que hacer en las siguientes elecciones. Pero vamos, que esto es no va a pasar. La eurofia progre a la que me refería al comienzo del artículo hace evidente que la moción de censura tendrá lugar tarde o temprano. Y saldrá adelante.

¿Y qué pasará después? Pues si España continúa con su tendencia económica positiva (con la amenaza de una nueva burbuja inmobiliaria a la vista), el PSOE ganará enteros para las siguientes elecciones (2020) y volverá a salvar a las clases pudientes en la siguiente crisis. Y si la siguiente crisis tuviera lugar ya, Podemos, obligado a apoyar al PSOE, se hundiría con él. Es decir, haga lo que haga, Podemos pierde. Su única esperanza a medio-largo plazo es mantenerse y crecer haciendo las cosas bien en los "ayuntamientos del cambio".

¿Pedro Sánchez presidente? Sí. Al partido más corrupto de Europa, el PP, sólo le une el poder, sólo su paso por la oposición puede conllevar cierta garantía de que la justicia funcione con “algo más” de independencia. Pero no por virtud del PSOE, sino porque un PSOE en el poder utilizará todas las herramientas del estado para reducir su distancia en votos con respecto al PP. Pedro Sánchez presidente, pero sin euforia ninguna. Pedro Sánchez presidente, pero con una sociedad civil más vigilante y exigente que nunca. Pedro Sánchez presidente, pero voto de confianza ninguno: todos a Sol.

martes, diciembre 27, 2016

¿Tiene sentido el errejonismo dentro de PODEMOS?

El otro día oí a Juan Carlos Monedero apoyar en un video el sistema electoral avalado por Pablo Iglesias, el llamado DesBorda:

Hace unos años, cuando Pablo Iglesias y yo éramos solamente profesores de universidad y presentadores de La Tuerka hicimos un libro sobre el sistema electoral. Detrás de los sistemas electorales a menudo hay matemáticos como nuestro malhadado d'Hondt, pero lo relevante de los sistemas electorales es entenderlos desde el punto de vista de sus resultados políticos. En el caso de las primarias de PODEMOS, creo que el método que presenta Pablo Echenique, el llamado DesBorda, tiene un significado político que entronca profundamente con lo que es la declamación constante de la ciudadanía: no os dividáis. El sistema de Echenique no fomenta a las familias, sino que fomenta, al revés, que discutamos. El sistema permite darle un plus a los acuerdos.

Un poco más tarde, en su blog, quiso explicar lo pírrico de la victoria del sistema de Echenique mediante el siguiente comentario:

No era fácil defender que una elección en un órgano ejecutivo no puede tener la misma proporcionalidad que un órgano legislativo -aunque sea lo correcto-.

Parece que, como profesores, Iglesias y Monedero tienen un importante reto por delante. Resulta que "sus conclusiones académicas" acerca de los sistemas electorales chocan con las intuiciones del 15M, cuyo espíritu tanto desean representar. Quizá por cansancio, tras casi tres años de vida de PODEMOS, yo no veo ese esfuerzo pedagógico por ningún lado. Monedero acaba de hacer un comentario de profesor cansado: quien quiera saber más sobre esta cuestión, que lo mire en el libro. Muy loable hacer fomento de la lectura, pero así no se llega a tiempo a donde se quiere llegar. En su lugar, adornan los argumentos con cursiladas acerca de la ilusión y explotan los personalismos. Iglesias también se ha esforzado más en recalcar que DesBorda es obra del "gran Echenique"( al cual, en este mundo de prejuicios parece que hay que de presuponerle un prestigio solo porque sea científico) que en explicar porqué los inscritos de diferentes sensiblidades no merecen una representación proporcional dentro de PODEMOS. Y en esa clave deseo continuar este comentario, en la clave de presuponer buena fe, en considerar cierto que Iglesias y Monedero tienen motivos honestos para defender ese sistema de elección interna y no otro.

Me leeré el libro, pero volvamos al 15M que yo conocí. Pedía un sistema proporcional para las elecciones generales, ya fuera con circunscripción única o sin ella. Pedía listas abiertas. Aquello murió, pero su espíritu permaneció a la hora de construir nuevas herramientas de cambio como por ejemplo, Ganemos Madrid. Bueno, si queríamos un sistema electoral proporcional para el Congreso de los Diputados, lo natural sería empezar por aplicar la proporcionalidad en nuestra propia casa. Ni más ni menos.

Se ha dicho también que PODEMOS no puede convertirse en el PSOE -donde se reparten todo (sillones, recursos) por familias- pero por lo pronto, y aunque hay mucho que profundizar, yo la diferencia relevante ya la veo: en el PSOE no dan voz a las bases para tomar decisiones. Lo de no querer que haya familias... ¿será que no se ven capaces de llegar a acuerdos con la otra mitad del partido? Pues vaya un líder si solo sabe "ser la luz" para únicamente los que piensan como él. Dejémoslo. Y vayamos al meollo de la cuestión: ¿tiene sentido el errejonismo dentro de PODEMOS?

No lo sé, ni siquiera alcanzo a comprender lo suficiente el alcance de las diferencias entre las dos principales familias. A mí me gustaría, siendo burdo, es que hubiera "dos PODEMOS". Uno pablista-garzonista y otro errejonista-democratista. Uno que fuese un partido de izquierdas liderado por Pablo Iglesias y otro que fuese un partido transversal que no necesite un líder para saber cuál s su identidad. Uno que proteste mucho y consiga el voto de las clases más bajas que no suelen ir a votar. Otro que marque la agenda política mediante el pacto, tan hábil que proponga acuerdos a C's que no pueda rechazar y evite que todos los pactos sean siempre entre partidos de derechas. Uno que siga centrándose en darle al Pantuflo en laSexta Noche y otro que siga haciendo pedagogía a un nivel intelectual más alto. Que el primero tuviera unos 50 diputados y que el segundo tuviera unos 70. Vamos a ver si me explico: el errejonismo no es una invención de Errejón. En la ciudadanía ya existía esa manera de concebir el cambio político más allá de las etiquetas de izquierda y derecha desde antes del 15M (por ejemplo UPyD llegó a tener cierto éxito porque canalizó -aunque mal- parte de eso).

Pero claro, ¿cual es el contexto actual? ¿Acaso hay espacio para un quinto espacio político, transversal y democratista? Pues quizá no lo haya, quizá no sea el momento. Y si ese quinto partido es una escisión de PODEMOS, menos todavía. Sería perjudicial para ambas corrientes y en lugar de 50 y 70 diputados como el deseo que acabo de expresar, tal vez se quedaran con 15 o 20 cada uno de ellos (no olvidemos el destrozo que haría el sistema electoral). La transversalidad que quiere potenciar el errejonismo representa a muchos de los españoles que votaron a PODEMOS en 20D (y, de hecho, muchos de los que perdieron el 26J). El sistema electoral español penalizaría a un quinto partido y le haria imposible tener un espacio propio justo en el Congreso de los Diputados. Mientras, ¿Pablo Iglesias tampoco permite al errejonismo tenerlo dentro del partido? Ahí está la clave de porqué, hasta que los citados profesores me ilustren en sentido contrario, mi postura es que la democracia interna de PODEMOS debe suplir las carencias democráticas del Estado español. Dowdall o el sistema proporcional propuesto por Errejón.

martes, noviembre 22, 2016

¿Tendrá la “nueva” Unión Europea cimientos también en Francia? En mayo lo sabremos

Tras esta sucesión de campañas electorales en España, el Brexit y la victoria de Trump en los Estados Unidos, ahora toca mirar hacia nuestro vecino del norte. Está claro: este súbito interés en la política internacional nace del miedo. El resurgimiento del Frente Nacional frena el proyecto europeo: nada podemos hacer hasta que Francia salga de su laberinto. Debemos esperar al próximo mayo para responder a la siguiente pregunta: ¿tendrá la “nueva” Unión Europea cimientos también en Francia o no?

Si nos acordamos, hace tres lustros el padre de Marine Le pen fue vencido 18% - 82% por Jacques Chirac. Eso no quiere decir nada, pero demuestra cierta madurez en la sociedad francesa. En quince años, muchas cosas han podido cambiar, es cierto, no obstante haré mi pronóstico: la extrema derecha no va a ganar las presidenciales francesas.

¿Quiere eso decir que todo seguirá igual? En absoluto. En el escenario más probable a día de hoy, es decir, en el caso de que el candidato republicano llegue al Elíseo, el gobierno francés deberá coger el toro por los cuernos con el tema de Europa. Sí, en ese caso Le Pen se quedará un rato más en el mundo de las pesadillas, pero hará falta, de ahora en adelante, prestar atención a todos esos votos de protesta. Los Republicanos van a querer canalizar todos esos gritos hacia sus propios intereses.


Tengo la intuición de que el Partido Conservador del Reino Unido ha hecho una cosa parecida. ¿Qué consiguió Cameron celebrando aquel referéndum? Está políticamente muerto, pero desnudó al UKIP: nada había bajo el referéndum. No sé si Fillon debe celebrar un referéndum para el “Frexit”. Pero si quiere conservar la hegemonía de su partido en la derecha, deberá robar la iniciativa a la extrema derecha. 

miércoles, noviembre 16, 2016

¿Es el populismo de izquierdas la mejor receta contra el populismo de derechas?

Además de la xenofobia relacionada con el flujo de exiliados de la guerra de Siria y que ha calado en a lo largo y ancho de Europa, a la luz de los acontencimientos que van sucediéndose en los tres países que (además de la URSS) se repartieron Alemania en 1945, se hace aparente que algo más tiene que haber...  un orgullo nacional "de base". Veamos, estadounidenses, ingleses y franceses pueden apoyarse en toda una sucesión de justificaciones históricas para que el nacionalismo no solo no sea tabú sino que sea motivo de orgullo en cada uno de los países. Digamos que, "como país", han salido victoriosos y los que ganan escriben la historia, también la propia. Lo "último" fue reivindicarse ante los horrores nazis de la Segunda Guerra Mundial y reconstruir tras ella el mundo occidental. Es verdad que esa reconstrucción estuvo basada en la colaboración entre los diferentes países alrededor de la OTAN frente al "segundo mundo" soviético, que lo político no necesitó basarse tanto en exacerbar los respectivos sentimientos nacionales (quizá tampoco era tiempo para "outsiders"), pero eso no quiere decir que no existieran fuertes sentimientos nacionalistas.

Claro está que ha sido la crisis económica la que ha motivado, en cada uno de los países que la han sufrido, un terremoto político, donde el merecido descrédito de la ciudadanía por la "política tradicional" ha dado lugar a muchas cosas. Claro está que no todas buenas. En particular, en los tres países vencedores de la IIGM citados, donde "ser nacionalista es lo normal" y no hay una parte significativa de la población que se sienta excluída de los símbolos nacionales según su ideología (tal y como pasa, por ejemplo en España, dada la inevitable reminisciencia franquista que conservan por mucho que no queramos), se hace aparente que mucha gente ha encontrado en el orgullo nacional (que ya tenía y que estaba bien visto) un rumbo para salir de una idea de globalización que no les satisface, dado que la idea que tiene de su propio país es mucho más abarcable... y supongo que trae algo de nostalgia imperial en estos tres países en particular. Para llegar hasta donde hemos llegado Farage y Trump quizá solo tuvieron que aparecer en el momento adecuado... y si no hubieran sido ellos, tal vez habrían sido otros. ¿Siguiente estación, Le Pen?

A prácticamente medio año de las próximas elecciones presidenciales francesas (el 7 de mayo de 2017 será su presumible segunda vuelta) y con la conciencia de que lo que pase en Francia afectará a la Unión Europea, y cómo no, a España; no faltan los políticos españoles que materializan, con razón, en Marine Le Pen la nueva amenaza del ultranacionalismo. ¿Lo malo? Que arriman el ascua a su sardina, reducen su argumento en la falacia de que como ella es muy mala, por tanto, ellos son muy buenos. Susana Díaz... que es la casta en persona... en fin. Y por otro lado está Pablo Iglesias y sus colegas de la UCM que postulan que contra los populismos de derechas, ¡nada como un populismo de izquierdas! Al fin y al cabo, han creado un partido político para ello, ¡no pueden decir otra cosa! Necesitamos análisis independientes, de gente que no esté "dentro" y que, por tanto, necesita su argumentario para mantener su trozo de espectro electoral lo más grande posible. Pero, ¿acaso la suma de los particulares intereses partidistas va a resultar ser la mejor receta contra el populismo de derechas? Puede ser que sí, ¿pero, y si no? ¿Y si ni Susana Díaz (mantenimiento del stablishment) ni Pablo Iglesias (populismo de izquierdas) tienen la solución? ¿Y si existe una "tercera vía"?

La vía de Susana Díaz (y la de Hillary Clinton) apela al miedo: "nosotros somos stablishment, progres y corruptos, pero somos lo conocido... quién sabe que Hitler o Stalin están por venir" (Trump y Le Pen o Sanders e Iglesias, así, formando un totum revolutum). Mientras, la vía de Pablo Iglesias apela a la esperanza, pero genera miedo... sin ir más lejos, la posibilidad del sorpasso el 26J (entre otros muchos factores) les hizo perder un millón de votos. Del mismo modo, Iglesias insiste en que Sanders era el único que podía ganar a Trump... ¿si? ¿En serio, un "socialista" ganando en EE.UU.? Are you fucking kidding me? No podemos saberlo, pero por mucho que a Iglesias le convenga decir que Sanders hubiera vencido a Trump en el contexto de su estrategia particular, eso no lo hace más cierto. No podemos saberlo, pero apuesto a que Sanders habría sacado un resultado ridículo frente al de Trump, se habría activado con mucha más fuerza el voto del miedo, muchos "susanistas de allí" (que ahora han votado a Clinton) se habrían quedado en casa.

Acostumbrados a la sucesión de elecciones, culminada con las gallegas y vascas, mucha gente "progresista", abrumada y aburrida de tanta disputa, ha perdido el sentido de la reflexión y ha acabado optando entre la vía "Susana Díaz" o la vía "Pablo Iglesias". Es normal que cada cual resuma sus argumentaciones cuando toca votar, cuando toca optar, pero ahora ¿qué sentido tiene pensar las elecciones estadounidenses o las francesas con esa misma lógica, si no podemos votar allí? ¿Por qué no mejor pensamos una estrategia discursiva independiente, que sirva contra el ultranacionalismo y, al mismo tiempo, contra el stablishment, sin que, necesariamente suponga hacer seguidismo irreflexivo de la "vía de Iglesias"? Demasiado ruido.

Los ingredientes parecen estar claros: necesitamos una "tercera vía", no necesariamente traducida aún en un partido político, que apele a la esperanza de crear una alternativa ciudadana contra el stablishment, contra el ultranacionalismo y que no genere miedo, ¿tiene España margen de aportar a esta causa?