miércoles, junio 26, 2019

La frivolización de las olas de calor y la manifestación a favor de Madrid Central

Sin intención de personalizar y ni de elevar la anécdota a categoría, no puedo dejar de mostrar mi preplejidad cuando, al cuestionar en redes sociales la conveniencia de mantener la convocatoria de una manifestación a favor de Madrid Central a las 19 de la tarde de un día que pronostican 41 grados a la sombra para para tal momento, recibo un comentario que me he hecho saltar como un resorte.


El comentarista en cuestión ridiculiza mi planteamiento, metiéndome en una especie de totum revolutum con diversos divisores de la izquierda (como cuestionando que yo estuviera a favor de Madrid Central, vaya). Vaya, es lo que me ha dado energía para escribir este artículo, pero no merece la pena ahondar en ello. Iré al grano.

Quiero fijar la atención en tres artículos que he encontrado por ahí acerca de la ola de calor de 2003. En primer lugar, un artículo de EL PAÍS, de 19 de agosto de 2003, en el que se señala que los datos del INE dicen que durante la segunda quincena de julio y la primera quincena de agosto hubo un notable incremento de la mortalidad en 10 capitales de provincia con respecto al mismo periodo de 2002. Especialmente llamativos los incrementos porcentuales de Vigo (56%) y Jaén (86%). También lo es que las autoridades españolas atribuyeran únicamente 46 muertes a un golpe de calor o al agravamiento de una enfermedad a causa de las altas temperaturas, en contraposición con las 5.000 que entonces reconoció Francia.

En este otro artículo del ABC, del 11 de julio de 2014  se considera que la ola de calor de 2003 fue el desastre natural más mortífero de los acaecidos en España de 1970 a 2012. Eran las conclusiones del «Atlas de la mortalidad y las pérdidas económicas provocadas por fenómenos meteorológicos, climáticos e hidrológicos extremos», de la Organización Meteorológica Mundial. Este estudio atribuye a España la friolera de 15.090 víctimas mortales durante la citada ola de calor de 2003.

Pues bien, un tercer artículo, de la web de laSexta, del 25 de junio de 2019, habla de que "Francia se prepara para una ola de calor peor que la que dejó 15.000 muertos en 2003". Debo aclarar que pese al parecido entre las dos últmas cifras ofrecidas, no pretendo inferir que haya habido una cantidad de fallecidos por esta causa similar en ambos países. No tengo la menor idea de cuán comparables son entre sí unos y otros estudios. Pero sí quisiera llamar la atención sobre lo poco que se habla en España de estas cifras que no son, en absoluto, pequeñas.

Parece que en España estamos acostumbrados a que nos muestren en "El Tiempo" un decálogo de "Protección frente al calor" y que ya nos entra por un oído y nos sale por el otro. El cambio climático debería servirnos para tomar conciencia sobre el cuidado del planeta, del entorno y de las personas, no para aprender a asumir estoicamente que mucha gente morirá de manera repentina mientras el mundo sigue girando (y mundo político en particular, por recuperar el contexto de este artículo).



Pues bien, en mi honda preocupación por la frivolización de las olas de calor, sintiendo que perdemos (un poquito) el norte olvidando que el nuevo alcalde de Madrid, José Luis Martinez-Almeida no es el único enemigo de la salud pública (que salvo que vaya a hacer lo contrario de lo que prometió, claro está que lo es), sino que también lo es el calor extremo; no me he poddido aguantar y he dirigido el siguiente mensaje a la "Plataforma en Defensa de Madrid Central":
Buenas tardes.
Les escribo preocupado. Se anuncia una ola de calor que tendrá su punto álgido el sábado. En particular, en Madrid, incluso a las 19 horas, se esperan 41 grados (a la sombra). En caso de que se cumpla tal pronóstico, desconozco cual seria la sensación térmica al sol o sumando el "efecto asfalto".
En lo político, tal situación climática puede disuadir a muchísima gente de acudir a la manifestación. Las manifestaciones, siendo reivindicativas, pueden tener o no su punto lúdico; pero dudo que la gente vaya a ir para pasarlo mal. Ingredientes para un pinchazo probable.
En lo personal, como digo, estoy preocupado, y no sería capaz de recomendar a nadie a que vaya. A mis seres queridos, a la gente de mi entorno no puedo sino recomendarles que busquen una piscina o que se queden en casa en estas tardes de calor extremo.
En cuestiones de salud pública (y en definitiva) me parece una temeridad mantener la convocatoria del sábado a esa hora. Los golpes de calor son una cosa muy seria que provoca muertes. Muchas personas muy comprometidas con la calidad del aire con Madrid Central podrían poner en riesgo su vida por acudir a su convocatoria (y creo que no debería hacer falta señalar que el riesgo se agrava en el caso de niños, personas mayores u otros colectivos de riesgo).
Tenemos que cuidarnos entre todas. Entiendo que ya se ha hecho un esfuerzo importante por difundir la convocatoria, pero les pido por favor que desarrollen un urgente debate interno para decidir qué hacer al respecto para esta situación de excepcionalidad. Comprendo, además, la dificultad de cambiar la fecha, sobre todo por la falta de margen para encontrar otro día antes del 1 de julio (moratoria de multas de Martinez-Almeida).
Creo que la mejor alternativa sería retrasar la convocatoria a las 22 horas, para cuando se prevé que siga haciendo muchísimo calor (36 grados), pero ya se habrá puesto el sol y a esa hora el asfalto empezará a enfriarse un poco. A esa hora, segurísimo que acudiría mucha gente (gente con, además, muchas ganas de salir de casa después de todo un día de enclaustramiento por calor).
Acabo, queriéndoles mostrar mi más profundo apoyo a Madrid Central y a convertir tal reivindicación una cuestión estratégica en la protección de la salud de los madrileños y del cambio de sentido común hacia un modelo ecologista. Pero les insisto, traten de pensar con la cabeza fría acerca de la no conveniencia de mantener la convocatoria de las 19 de la tarde.
Un afectuoso abrazo.

sábado, junio 22, 2019

Más Madrid y la democracia deliberativa

Si bien Ahora Madrid fue la confluencia, exitosa en 2015, entre Podemos y Municipalia (después Ganemos Madrid), no podemos decir que Más Madrid sea Ahora Madrid con otro nombre. Más Madrid es (o pretende ser) la refundación del espacio político surgido de la experiencia de una gran parte de los que participaron en la gestión del gobierno de Ahora Madrid (2015-2019, Ayuntamiento de Madrid) y de la simpatía generada, grosso modo, por el tono y discurso de Carmena y Errejón. En resumen, Ahora Madrid fue la cristalización del espíritu 15M en una victoria electoral y Más Madrid es capital humano con experiencia de gobierno, dos liderazgos principales... y algo que está en proceso nacer del todo. Desafortunadamente Más Madrid no ha cristalizado en un gobierno,  pero, más allá de la derrota, ¿hay margen para la construcción de un espacio democrático?

Más Madrid, con su creación en noviembre de 2018, se independiza de la génesis de Ahora Madrid priorizando una estrategia para la victoria por encima de "guardar las esencias" de la confluencia de 2015. Para tal fin se apostó por Carmena y esta condicionó su continuidad a que pudiera elegir a su equipo. A pesar de la derrota, los resultados han sido muy buenos y no está nada claro que, si se hubiera mantenido la confluencia Ahora Madrid, los resultados para "la izquierda" fueran a haber sido mejores. No lo sé y es posible que hubieran sido peores.

El caso es que me parece acertado que Más Madrid desarrolle su identidad propia al tiempo que la también escisión de Ahora Madrid "Madrid En Pie Municipalista (MEPM)" repiensa su propia identidad y estrategia. No creo que tuviera mucho sentido (ni tampoco imagino si volvería a ser posible) que Más Madrid tratara de volver a construir una opción electoral junto a ellos. Pero sí me gustaría que desde Más Madrid se recuperara cordialidad y se comprendiera, con humildad, que sus razones tuvieron para discrepar acerca de cómo inició su andadura Más Madrid. Eso sí, la otra parte, es decir, la autocrítica que deba hacer MEPM y donde acaben colocando a Más Madrid en su marco mental (si como parte de la solución o como parte del problema) ni depende de Más Madrid ni debería quitarles demasiado el sueño.


En esa construcción de identidad propia, no me cabe ninguna duda de que Más Madrid (o, al menos una parte) tendrá certera voluntad de avanzar en el democratismo, en lo que se refiere a la construcción de un espacio democrático y estable en Madrid. Valioso avance sería, pero tal construcción por sí sola no tendría demasiado mérito: desde la oposición es siempre menos problemático coordinar espacios (de militancia de partido) de democracia deliberativa que desde el ejecutivo. De manera que no creo que ese sea el verdadero reto, sino, por un lado, lograr incorporar a la participación activa en política a mucha de la gente que veía con simpatía el 15M (más de un 80% en España según una encuesta de Havas Media en junio de 2011) y a mucha de la hoy afín a los movimientos feministas y ecologistas. Y por otro, que los estándares de democracia interna que se consigan consolidar (los que sean) durante este periodo de oposición no se conviertan en meras formalidades estatutarias que salten por los aires cuando "se recupere" el gobierno de la ciudad. Estos retos no tienen precedentes en la ciudad de Madrid.

Sería un fraude político que Más Madrid recuperara con grandilocuencia métodos horizontales y un espíritu de radicalidad democrática propios del 15M (y de los primeros tiempos de Ahora Madrid), ahora que está en la oposición y que no sepa (o no quiera) mantenerlos cuando "se recupere" el gobierno. Creo que en Más Madrid hay suficiente gente con experiencia institucional que ayude a la construcción de ese equilibrio: alto grado de democracia interna pero evitando metodologías que no sea posible mantener cuando se recupere el gobierno. Es decir, creo que es posible si hay voluntad política.

Yendo a lo concreto, para incorporar a la gente a la participación activa no creo que haya que comerse demasiado la cabeza, basta con hacer bien lo más sencillo: cuidar a la gente. Cuidar a cada una de las personas que directa o indirectamente se acerquen a Más Madrid (a través de comentarios en redes sociales, propuestas en portales de participación o acudiendo por curiosidad a alguna mesa informativa o a alguna reunión de distrito). Motivar a la gente a que haga propuestas y a que conozca las ya existentes para que pueda enriquecerlas. Y no basta con poner un buzón a partir del cual las personas proponentes pierdan la pista de sus propuestas.


Y no se puede desechar a las primeras de cambio una propuesta porque a los cargos electos o a los vocales vecinos no les interese, o la consideren poco útil para el tacticismo partidista: una persona haciendo una propuesta (sea cual sea esta) debería ser considerada por los partidos políticos como oro puro, es una persona que cree que su voz será escuchada y ahí los partidos que presumen de promover la participación ciudadana no pueden decepcionar. Deben dar un cauce a cada una de las propuestas, que la persona proponente tenga una traza acerca del recorrido de su propuesta. Que se construyan espacios de debate interno y se cuente con la persona proponente para deliberar acerca de su propuesta y, en su caso, se argumente con honestidad y transparencia cuáles son los límites de la misma en el seno de la organización.

Un sencillo pero afectuoso acompañamiento personalizado en este sentido puede ser muy motivador. Y en un contexto de partido, creo que cuidar a las personas, siempre sin ignorar los límites del proyecto, consiste en esto, en garantizar el derecho a la participación política a todas aquellas personas que se aproximen al partido con una inquietud, con una propuesta. ¿Estará Más Madrid a la altura?

domingo, junio 16, 2019

¿Cómo evitar que vox presida el distrito de Usera (Madrid)?

Siento si has llegado hasta aquí engañado por el título. Con el resultado de las elecciones y el de la votación de investidura en la mano, me temo que no hay manera. El equipo de gobierno pactado entre C's, PP y vox y, en particular, el alcalde (se trata de un sistema bastante presidencialista) puede designar a quien desee para presidir las juntas de distrito. Poco importa si los partidos del gobierno no han logrado demasiados votos en determinado distrito, la circunscripción única y el sistema centralizado lo permite.

La pertinencia de la pregunta con la que titulo este artículo viene de que, tras la sesión de investidura del alcalde de Madrid, José Luis Martinez-Almeida, saltó la noticia de que el PP cedería a vox la presidencia de las Juntas de Distrito de Chamberí, Salamanca y Usera. A primera vista, a quien conozca un poco Madrid, podrían no resultarle demasiado llamativas las dos primeras propuestas, al tratarse de distritos de tradición más conservadora. En efecto, si vamos a los datos, comprobamos que, en las elecciones municipales recién celebradas:
- En el distrito de Salamanca, el 69,59% de los votantes votaron a algún partido de las tres derechas, de los cuales el 10,32% votó a vox.
- En Chamberí, los resultados no han sido muy diferentes: 63,19% voto a la derecha y, en particular, el 8,76% votó a vox.


Más llamativa ha sido la inclusión de Usera en la "oferta". En este distrito, la suma de las tres derechas se queda en el 36,83%, y "solo" el 6,35% votó a vox. Pero insisto, si quieren, pueden hacerlo, sin embargo, ¿qué legitimidad tendría una formación política con un apoyo tan relativamente pequeño, para presidir la Junta de Distrito?

Y digo yo, ¿no sería mejor que cada distrito determinara, de manera independiente, quién debe presidir su Junta en función de los votos que cada formación política haya obtenido en dicho distrito? La idea no es ninguna marcianada. Sin ir más lejos, París, en lo que respecta a su término municipal, es una ciudad de algo menos de 2.300.000 habitantes distribuidos en 20 distritos, arrondissements (desde el más pequeño en población, Louvre, con 17.000 habitantes, al más populoso, Vaugirard, con 235.000 habitantes). Bueno, pues resulta que en la capital del país que suele ponerse como ejemplo de estado centralizado tienen una alcaldía para cada distrito. ¿Por qué no explorar esta posibilidad para Madrid?

Obviamente, Madrid deberá conservar una institución central que coordine diferentes áreas competenciales que conciernan a diferentes distritos o al conjunto de la ciudad (como ocurre en París). Pero tal cosa es compatible con democratizar los distritos y dotarlos de más competencias. Para el votante, el ejercicio sería bastante sencillo: bastaría con que depositara un segundo voto en una "urna de distrito". Con el sistema electoral, creo que tampoco habría que comerse mucho la cabeza, grosso modo se podría utilizar el mismo criterio que para los municipios. Esto es, según el artículo 179 de la LOREG:
- Al distrito de Barajas le corresponderían 21 concejales de distrito, al tener entre 20.001 y 50.000 habitantes.
- A Vicálvaro y a Moratalaz, le corresponderían 25 concejales de distrito, al tener entre 50.001 y 100.000 habitantes.
- La mayoría de distritos (un total de 13) tienen entre 100.001 y 200.000 habitantes, con lo que a todos estos distritos. les corresponderían 27 concejales de distrito.
- Y finalmente, a los distritos más poblados, Ciudad Lineal, Puente de Vallecas, Latina, Fuencarral - El Pardo y Carabanchel, les corresponderían 29 concejales de distrito.

A título de curiosidad, habría que señalar que bajo estas premisas (y suponiendo que los resultados recién obtenidos fueran a ser extrapolables a un sistema de estas características, que es mucho suponer), la suma de Más Madrid + PSOE habría alcanzado la mayoría absoluta en 11 de los 21 distritos.


Un sistema de estas características permitiría, además, la entrada en las Juntas de Distrito de iniciativas vecinales independientes, de barrio, nacidas desde lógicas diferentes a las de las candidaturas que se presentan al Ayuntamiento de la ciudad. Menos mediáticas que estas, más a pie de calle y conocedoras de primera mano de la realidad de cada barrio. Para favorecer el florecimiento de estas iniciativas vecinales será conveniente, además, la supresión de la barrera electoral de 5% (restricción recogida en la LOREG, que rige a nivel nacional).

Nota: sin esta barrera del 5%, la candidatura Madrid En Pie Municipalista habría entrado con un concejal de distrito a un total de siete distritos (Latina, Carabanchel, Villaverde, Centro, Vicálvaro, Puente de Vallecas y Villa de Vallecas), aunque no habrían resultado determinates para generar alguna mayoría diferente en ninguno de ellos.

sábado, junio 08, 2019

Tres posibles rumbos para Barcelona, ¿y si se celebrase una segunda vuelta electoral?

El procedimiento para elegir alcalde tras las elecciones municipales es claro. Si un partido logra la mayoría absoluta en escaños (y no se dan casos de transfuguismo) su candidata a alcaldesa logrará el bastón de mando. Si ningún partido logra por sí solo mayoría absoluta en las urnas pero uno de ellos la logra gracias al apoyo de concejales de otros partidos, su candidato logrará, de este modo, ser elegido alcalde. En cambio, si ninguna de las candidaturas lograra más del 50% de los apoyos, será elegido alcalde el candidato cuyo partido haya sido el más votado en las urnas.

Pongamos como ejemplo la ciudad de Barcelona. Allí, el Pleno del Ayuntamiento está conformado por 41 concejales, de manera que un candidato se habría convertido fácilmente en alcalde si su candidatura hubiera logrado, al menos, 21 escaños. Como vemos, en Barcelona no ha ocurrido así, sino que la fuerza más votada (ERC) ha obtenido 10 escaños. Ernest Maragall, su candidato, sería pues alcalde si ninguno de los otros candidatos logra que una cantidad suficiente de concejales de otros partidos les elija. Al parecer, esta otra posibilidad no es descabellada, dado que Manuel Valls (BpC-C’s) ha expresado su voluntad de votar a favor de Ada Colau (EN COMÚ).



Las estrategias post-electorales sitúan a los partidos decisivos en, principalmente, tres lugares:
1. ERC está en que las fuerzas “soberanistas” (pro-referéndum) suman 25 escaños (con EN COMÚ y JUNTS) y que ellos han sido los más votados.
2. EN COMÚ quiere hablar con las “fuerzas progresistas” trascendiendo la lógica procesista, mediando entre el ERC del 1-O y el PSC “del 155”. Suman 28.
3. El PSC y Manuel Valls (BpC-C’s), tirando de pragmatismo, quieren evitar que haya un alcalde independentista. Suman 24 con EN COMÚ (y sumarían 21 si los tres concejales de C’s rompen con la estrategia de Valls).
Hecho el apunte, el objetivo del artículo no es desarrollar un comentario político sino poner de manifiesto que las alternativas son exactamente tres. De hecho, si observamos en escrutinio, podemos ver que las tres fuerzas más votadas son, de algún modo, “la fuerza central” de cada uno de los tres lugares estratégicos señalados. La diferencia entre ellas es, además, muy pequeña (apenas 3 puntos porcentuales entre la 1ª fuerza, ERC, y la 3ª, PSC). ¿Sería factible preguntar a la ciudadanía cuál de los tres posibles rumbos para la ciudad prefieren?



En otros países se celebran elecciones a dos vueltas. Tales sistemas electorales devuelven la palabra a la ciudadanía para que expresen cuál de las dos candidaturas más votadas prefieren. Proceder de tal manera, en lugar de dejar en manos de los concejales elegidos para el poder legislativo municipal, contribuye a la separación de poderes al no depender la elección del poder ejecutivo municipal de pactos partidistas. Sin embargo, el hecho de que sean dos puede potenciar dinámicas maniqueístas, simplificadoras de una realidad política más compleja. Los votos de cada una de las dos candidaturas pueden crecer en segunda vuelta con un llamamiento “a que el otro no salga”, lo que posibilita e incluso puede motivar a los políticos a gobernar únicamente “para los tuyos y contra los otros".

Sin embargo, si fuera posible celebrar una segunda vuelta con tres candidaturas, se abriría espacio para un tercer discurso, haciendo un poquito más difícil que se potencie una política de frentes. Tenemos buenas noticias: es posible. Y especialmente sencillo para el votante.

Consistiría en aplicar un sistema electoral conocido como método Schulze (para tres candidaturas). Los electores únicamente tendrían que escribir en una papeleta los tres nombres que hayan pasado a segunda vuelta en el orden que ellos deseen. El escrutinio se realiza considerando que cada lista ordenada contiene, simultáneamente, tres votos preferenciales, de unos candidatos sobre otros, es decir, tres segundas vueltas con dos candidatos, pero celebradas de manera simultánea. Pongamos un ejemplo. Supongamos que un elector ha introducido el siguiente voto en la urna (a la izquierda, la papeleta; a la derecha, las conclusiones) :

Orden
Candidato
Partido

Prefiere a
en lugar de a
Ernest Maragall
ERC

Ernest Maragall
Ada Colau
Ada Colau
EN COMÚ

Ernest Maragall
Jaume Collboni
Jaume Collboni
PSC

Ada Colau
Jaume Collboni


Ahora, que otro elector ha expresado lo siguiente :


Orden
Candidato
Partido

Prefiere a
en lugar de a
Jaume Collboni
PSC

Jaume Collboni
Ada Colau
Ada Colau
EN COMÚ

Jaume Collboni
Ernest Maragall
Ernest Maragall
ERC

Ada Colau
Ernest Maragall


Finalmente, supongamos que otro elector prefiere a Ada Colau que a cualquiera de los otros dos (puede votar parcialmente en blanco) :


Orden
Candidato
Partido

Prefiere a
en lugar de a
Ada Colau
EN COMÚ

Ada Colau
Ernest Maragall
En blanco


Ada Colau
Jaume Collboni






Para realizar el escrutinio de este ejemplo, debemos contabilizar juntas las preferencias de mismo color y por separado las preferencias de distinto color. Así, Colau gana a Collboni (2 a 1), Colau gana a Maragall (2 a 1) y Maragall empata con Collboni (1 a 1). Observamos que, para este ejemplo, Colau gana a cada uno de sus otros dos competidores (esto significa que es ganadora de Condorcet). Podría darse la circunstancia de que se den resultados que podríamos considerar contradictorios (por ejemplo, donde cada candidato gane a uno de los otros tres), pero el método Schulze prevé un procedimiento para generar un único ganador también para tal caso (ignorando el escrutinio del enfrentamiento con menor diferencia entre los candidatos enfrentados).

Tal y como se constata en el ejemplo, un sistema electoral a doble vuelta en el que pasen tres candidatos a segunda vuelta es muy sencillo para los votantes. Si bien la generación del ganador es un poquito más técnica (cada voto forma parte de tres escrutinios diferentes), ni la comprensión del escrutinio ni el recuento manual de las papeletas son cuestiones más complicadas que, por ejemplo, el sistema d’Hondt con varias circunscripciones, vigente actualmente… lo que no implica una cantidad importante de votantes que sepan explicar cómo se asignan los escaños a los candidatos.

Aunque el ejemplo se ha querido poner sobre las elecciones municipales, bajo el pretexto de que el resultado de Barcelona y las estrategias post-electorales hacen de este un buen ejemplo para mostrar la potencialidad del sistema, puede ser muy buena idea ponerlo en marcha a nivel estatal, es decir, con la celebración de unas Elecciones Presidenciales (o a Jefe del Estado) separadas de las Elecciones Generales. Implementar un sistema de estas características contribuiría, como ya se ha dicho, a la separación de poderes, a evitar la política de frentes (una deriva natural de los sistemas partitocráticos) y, en definitiva, a dar un pasito más hacia la DEMOCRACIA con mayúsculas. Fácilmente implementable, solo hace falta voluntad política para ponerlo en marcha.