sábado, junio 20, 2009

La guerra contra las máquinas

Del título podría llegarse a la errónea conclusión de que este artículo va a tratar de libros o películas de ciencia-ficción distópicas tales como "Matrix" y "Terminator", en las que "las máquinas" cobran vida y los humanos tenemos las de perder. Este artículo presenta la teoría -no sé hasta qué punto- distópica, que resumiendo mucho viene a decir que en el futuro los humanos seremos nuestros propios enemigos por culpa de las máquinas.

Porque si lo pensamos bien, ¿para qué sirven las máquinas? Pues para hacer el trabajo y el ocio más fácil. Para ahorrar tiempo. No tiene sentido construir una máquina si el tiempo que tardas en construirla o en comprarla, o las horas de trabajo equivalentes al dinero que cuestan es un tiempo mayor al tiempo que tardarías en hacer lo mismo que haces con la máquina, sin la máquina. Y evidentemente demostrado a corto, medio o largo plazo (el de la utilidad de cada máquina) que la máquina no contribuye ni al ocio, ni a la eficiencia en el trabajo: esa máquina inútil no se volverá a construir -a menos que sea una obra de arte, o cualquier otra cosa ajeno a este tema.

Centrémonos en las máquinas que ayudan a hacer un trabajo más rápido. En un mundo globalizado, liberalizado económicamente, lo que a un empresario le interesa es disminuir sus gastos y aumentar sus ingresos, ¿no?. Comprará las máquinas que hagan falta si con eso mejora su productividad, lo cual se traduce en que el número de empleados necesarios para hacer el mismo trabajo disminuirá de la misma forma en que aumente la eficacia de las máquinas.


El volumen de trabajo de un determinado sector es el que es, de manera que si una mejora en las máquinas, una automatización de las tareas y etcétera, hace que se necesiten menos empleados: los prescindibles irán tarde o temprano al paro y deberán formarse para poder ganarse el pan realizando otra actividad. Pero esto ocurrirá con todas las actividades -con unas más rápido que con otras- y habrá un número creciente de parados que sólo tendrán una salida: inventarse nuevos oficios.

Esos nuevos oficios habrían de formar parte del sector servicios. Consistirán en servir de intermediarios para hacer más fáciles otros oficios. Quizá se intensifique la venta de productos a domicilio, o se creen otros oficios que consistan en facilitar al ciudadano hasta la última gestión, u otros que faciliten los papeleos a estos últimos y etcétera. Estos nuevos oficios también se automatizarán y  en fin, los nuevos desempleados tendrían que inventarse otro oficio de intermediarios.

El trabajo "necesario" de los sectores primario, secundario y parte del terciario será realizado po cada vez menos personas, necesariamente cualificadas para ellos; mientras que el resto de trabajos -digamos "innecesarios"- con un volumen también cada vez menor, se lo repartirá la mayoría de la población -a menos que un nefasto gobierno permita que ese poco trabajo lo realicen pocas personas, acabando en el paro una gran parte de la población. Para que esto no ocurra, deben ponerse en marcha dos medidas urgentes:

Dado que con la teoría presentada, que sugiere una revolución industrial permanente, el trabajo se destruirá a un ritmo mucho más rápido de cómo se generará, parece prioritario evitar que el empleo no se destruya: para ello será necesaria la reducción de la jornada laboral, aunque esto implique la reduccción de los salarios.

Otra medida complementaria ha de consistir en que el Estado asesorara a aquellos que se han quedado sin trabajo cpn el fin de que creen más facilmente su propia empresa, aumentando así el número de pequeñas y medianas empresas lo suficientemente innovadoras como para escapar de la vorágine que en un presente de máquinas deja en la cuneta a tantas personas.

Reduciendo a conceptos tan sencillos cómo los que aquí planteo el problema del paro en la primera crisis económica del III milenio, si es que no se recurre a las medidas que acabo de exponer, -por supuesto, entre muchas otras que desconozco- la crisis va para largo.

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